jueves, 8 de noviembre de 2007

KARMA YOGA


El karma yoga es el yoga de acción, y es particularmente adecuado para la sociedad actual, pues la gente es hoy más dinámica que nunca. Su finalidad es encontrar la armonía en la acción y por ello, es un camino de yoga accesible para todo el mundo, ya que en esta vida todos hemos de actuar de una forma u otra. Ya sea mental o físicamente, todos estamos involucrados en la acción; si estamos absortos en nuestro quehacer diario o simplemente durmiendo, soñando con los ojos abiertos o intentando permanecer inmóviles en meditación, todo son acciones. Con el karma yoga tenemos la oportunidad de aplicar nuestra práctica en el día a día, usando nuestras acciones como medios hacia una consciencia más elevada.




Las demás disciplinas, como las asanas, el pranayama, el raja o el hatha yoga nos traen innumerables beneficios, pero lo ideal es combinarlas con karma yoga y ponerlas en práctica los beneficios obtenidos.



El karma yoga como método de meditación


No cabe ninguna duda de que el karma yoga puede llevarnos a las mismas experiencias que las otras formas de yoga. Desafortunadamente, a muchas personas les resulta dificil entenderlo, pues las técnicas de raja yoga, por ejemplo, parecen más «yóguicas». Se preguntarán cómo va a ser práctica de yoga el trabajo de todos los días, y tendrán razón en dudar, pues no lo es. El karma yoga implica algo mucho más profundo que un mero actuar, pues tiene que ver con la actitud desinteresada y las acciones concentradas y realizadas con consciencia.



Intenten hacer una sola tarea, por rutinaria o tediosa que les parezca, con absoluta concentración. Es un estupendo entrenamiento para la mente que, poco a poco, se sobrepondrá a la pereza e inestabilidad inherente. Si pueden sumergirse en su trabajo, sea cual sea, con entera implicación y entusiasmo, se abrirán a la posibilidad de trascender la mente inferior.



La esencia del karma yoga se resume en «dar, dar, dar», y, en cambio, la de nuestro mundo, hoy por hoy, es bien algo así como «dame, dame, dame». Esta última actitud es la que en primer término impide el desarrollo espiritual y la experiencia de la meditación. Aunque sea en dimensiones muy sutiles, trabajamos para ganar algo, ya sea dinero o la admiración de los demás, entre muchas otras cosas. A lo largo de la historia, todos los maestros de la humanidad han predicado la necesidad de reducir paulatinamente toda acción y pensamiento motivados por el beneficio propio, hasta llegar a acabar con ellos. Claro está que eso no se consigue de un día para otro, pero es absolutamente necesario si queremos deshacernos de este el ego, que impide el acceso a la consciencia superior.



La mente disipada se puede comparar a un río turbulento con numerosas y fuertes corrientes que se oponen al flujo principal. El resultado es que el agua está revuelta y pierde fuerza. Una manera de canalizar esta potencia es convirtiéndola en electricidad, pero para ello hay que construir una presa. Pues lo mismo pasa con la mente: está siempre en movimiento, con corrientes de pensamientos que interactúan y nos dispersan.



A la mente fluctuante le falta el poder de la unificación, y la función del karma yoga es concentrar la mente, hacer de ella un instrumento perfecto, y así transformar la experiencia de la vida.



De la misma manera que hasta hace relativamente poco la humanidad no podía siquiera imaginar que el agua del río iluminaría su casa y abriría la puerta del garaje, la energía de una mente concentrada nos lleva a realizar descubrimientos asombrosos e inconcebibles.



El karma yoga también desempeña un importante papel en el desarrollo de la voluntad, a la cual suele dársele mucha menos importancia de la que tiene. La voluntad podría definirse como la capacidad de motivar y movilizar todas las facultades en una única dirección.



A través de las propias capacidades y aptitudes, con la máxima atención y la mente unidireccional, el karma yogui intenta conseguir la máxima eficiencia posible.


El Bhagavad Gita define el karma yoga como eficiencia en la acción. Cuando la energía está centrada en un solo punto, sin desperdiciar ni siquiera un poco, la mente y el cuerpo se integran a un alto nivel de sensibilidad desde el cual surge la meditación.